Desde mediados de la década del 60, con la consolidación de la actividad independiente y el nacimiento del Elenco Estable de la Provincia, Tucumán ocupa un lugar destacado en la actividad teatral dentro del interior del país.

Ese privilegio no ha cedido en el paso de las décadas; sin embargo está sufriendo los embates de la economía nacional y de la falta de fomento y respaldo institucional, que deriva en una merma en los estrenos que hay en cada año. Si bien siguen siendo muchos más que los registrados en otras provincias de la región NOA, la cifra habitual de 50 novedades por temporada está cayendo sensiblemente y se calcula que durante este 2026 sería la mitad, independientemente de las reposiciones en cartel.

La cantidad alcanzada (y sostenida) de medio centenar de debuts está íntimamente vinculada con la fuerza que tiene una experiencia escénica determinante, diversa y potente, que ha recibido en las últimas cuatro décadas el aporte liminar de la formación académica con la carrera en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. Asimismo, tiene consecuencias prácticas: por esa cifra, la provincia es una de las pocas que seleccionaba dos obras para el Festival Nacional que organizaba el Instituto Nacional de Teatro (INT) y que no se realiza desde que asumió la gestión de Javier Milei.

El ecosistema teatral nacional se caracteriza por tres patas: lo estatal, lo independiente y lo comercial, con pago de cachet fijo al elenco. El primero depende, obviamente, de la acción de los cuerpos estables (provinciales o municipales, según cada distrito), que en Tucumán fue trascendental y que se debilitó en los últimos tiempos.

La evolución del ámbito independiente depende, en buena medida, del respaldo institucional oficial ante la notoria merma de la afluencia de público y el aumento de los costos de producción (escenografía, vestuario y difusión, por ejemplo) y de ensayo (traslados del grupo y alquiler de espacios durante dos meses antes del estreno). Hay que contemplar que, del precio de cada entrada, alrededor del 30% es retenido por la sala y sólo el resto corresponde al elenco.

El comercia nunca ha podido consolidarse más allá de la Capital Federal, pese a los fuertes intentos permanentes que hubo; ni siquiera Córdoba, Mendoza o Rosario han logrado construir circuitos en este campo (en Córdoba, solamente se registra en Carlos Paz en la temporada de verano).

Tendencia revertida

El teatro federal ha sido respaldado varias veces por el Congreso de la Nación, desde la sanción en 1959 de la ley 14.800, que lo declara de interés nacional (con Arturo Frondizi en la Presidencia), hasta la creación del INT en 1997 (puesto en funciones dos años después, siempre durante el menemismo). Este organismo otorgó un fomento a las artes escénicas como nunca antes habían tenido, tanto en la producción de obras como en el sostenimiento de salas, en la realización de festivales y en el lanzamiento de publicaciones.

Con el actual Gobierno, esa tendencia positiva se revirtió. En el proyecto de Ley Hojarasca, que se tratará próximamente en el recinto, se mociona la derogación de la ley 14.800; y desde el INT hay una caída sensible en el apoyo a la actividad independiente, luego de haberse evitado la supresión de este ente como se pretendió en la Ley Bases. Pero su debilitamiento desde la Secretaría de Cultura y del propio INT. Así las cosas, el monto que se dispondrá en el actual presupuesto es de $800 millones, con la aclaración de que trascendió que el año pasado no se utilizaron fondos por $7.000 millones, que estaban en las arcas (los recursos se obtienen por aportes específicos, no del erario general).

Con esa profunda reducción presupuestaria, se habilitarán líneas de apoyo en este año para la producción, eventos, festivales, gestión de salas y espacios y giras nacionales e internacionales. El proyecto oficial es cupificar la baja la cantidad de proyectos aprobados por región: para todo el NOA quedarían sólo entre 13 y 15 montajes, con $2 millones para que se monte una obra, e igual monto en caso de eventos y de giras. Los fondos para grandes festivales se reducen de $12 millones previstos en 2025 a sólo $4 millones en este ejercicio.

Otro aspecto que se paralizó dentro del INT desde diciembre de 2023 fueron los concursos para la renovación de cargos, entre los cuales está el del representante en Tucumán, que ejerce desde hace más de nueve años Roberto Toledo, un récord histórico de permanencia. El trámite burocrático está en manos de la Oficina de Empleo de la Nación, y hasta que se concreten los llamados se prorrogarán los mandatos. Además, siete provincias están sin titular. Asimismo se renovarán los jurados de las seis regiones en que se dividió operativamente el país, responsables de elegir quiénes recibirán los aportes.

En tanto, dentro del marco del Ente Cultural de Tucumán existe la Comisión Provincial de Teatro Independiente (CPTI), que también tiene dentro de sus obligaciones el respaldo a la generación de espectáculos y al mantenimiento de salas independientes. Esta estructura, que está conformada por el voto directo de distintos estamentos teatrales de toda la provincia y de representantes de carácter oficial, ha tenido una merma de altísimo impacto también en la disponibilidad de fondos, al punto que para este año solamente dispondrá de $6 millones para todo el universo teatral, tanto en la capital como en el interior tucumanos.

En ese contexto negativo y plagado de restricciones y limitaciones, sin la afluencia de público de otros años y con frecuentes suspensiones de obras locales y nacionales de visita (como ocurrió con “Animal” el viernes, en el Rosita Ávila), l teatro tucumano está en un desafiante proceso de repensarse y reformularse, para seguir siendo el faro cultural del NOA.

A LA ESPERA. “Un ensayo sobre La Negra y El Negro” fue elegida hace tres años para representar a Tucumán en la pendiente Fiesta Nacional.

Puntos de vista

“Complicada y compleja”

Roberto Toledo, delegado del INT en Tucumán

En Tucumán la situación del teatro es complicada y compleja en cuanto a producciones, sostenimiento de espacios y eventos o giras, que prácticamente no existen. El panorama afecta a un colectivo que no se limita a los hacedores y a los espacios, sino a la beneficiaria principal de toda actividad que es la población en general y, en ella, al público.

El Instituto Nacional de Teatro (INT) está atravesando una etapa de transformaciones, tras el embate que fue la ley Bases al inicio de este Gobierno, un intento que nos dejaba sin la institución que tanto hizo crecer la actividad y que tanta lucha contiene en sí misma. Hoy el Consejo de Dirección está constituido y trabaja en la defensa de los intereses de la comunidad teatral independiente en el marco del bajo presupuesto y la falta de recursos en casi todas las áreas culturales.

Es necesario recordar que el INT cuenta con presupuesto propio y no depende de las partidas del Gobierno de turno. Estarán saliendo algunas líneas de subsidios, a las que ahora se llaman aportes, además de la de funcionamiento de salas, que estuvo siempre abierta.

En cuanto a la Comisión Provincial del Teatro Independiente (CPTI) que funciona en el Ente Cultural, el INT tiene presencia con voz y voto, tema que es materia de discusión jurídica ya que colisionan intereses de dos organismos oficiales. O sea: no es compatible que un organismo nacional esté en la administración de recursos de otro provincial. Aún así, el presupuesto actual de la CPTI es muy exiguo.

En el interior tucumano, los efectos son más profundos; muchas actividades giran alrededor de lo que se pueda generar con las gestiones municipales, ya que el trabajo que se realizaba desde la Dirección de Teatro del Ente está afectado por la crisis económica. Por ejemplo, está pendiente una actividad de formación técnica en Tafí del Valle, cuya primera fase se hizo en Aguilares en octubre de 2025.

No se aprueban planes de fomento y las fiestas del teatro -provinciales y la nacional- están en etapa de discusión aún. De las convocadas en 2023 aún hay que hacer las de Catamarca y la de Tierra del Fuego y la Fiesta Nacional de todas las obras que fueron seleccionadas ese año.

“Necesidad del convivio”

Teresita Guardia, La Sodería Casa de Teatro

Es un momento ultradifícil, pero a la vez logramos ver que la solidaridad y el esfuerzo crecen como respuesta y coadyuvan a atravesar este abismo al que pretenden hacernos caer los gobernantes suprimiendo o recortando aportes y leyes nacionales y provinciales. Se nota la necesidad de la gente de encontrarse, y más en el teatro que es convivio, como lo definió Jorge Dubatti; eso es innegable y lo vemos en nuestro espacio, que mantenemos desde hace 32 años.

Hemos atravesado muchos ciclones, temblores y demases. Cerramos el año pasado con dos espectáculos a sala llena, y creo que el boca a boca y la calidad de las propuestas fueron la clave, aunque obvio que a precios de entradas por debajo de la media e insuficientes para cubrir todos los costos. Este año tuvimos la gratificación de abrir temporada con el evento del Jueves de Comadres, que fue totalmente organizado por las bombistas que donaron su esfuerzo y la entrada al 100% para colaborar y  sostener La Sodería, pues a lo largo de los años se ha construido una comunidad solidaria. Nuestra sala siempre sostuvo en la agenda espectáculos a la gorra, gratuitos y solidarios.

Desde el año pasado nos constituimos como Fundación, lo que nos permite fortalecer lazos, alianzas, inventar herramientas y nuevos modos que ayuden a reconstruir el tejido y el compromiso social. Somos una sala que alberga compañeros de otras latitudes y estamos hermanadas con La Ventolera de Salta y La Mar en Coche de Jujuy.

Además de la agenda habitual, muchas veces trabajamos con público reducido por la ultraconocida panmileicremia, el ajuste que afecta al bolsillo de todos los trabajadores. La cultura le aporta el 2,3% al PBI nacional; no lo decimos nosotras, sino que es un informe de Economía de Nación de fines de 2024. A buen entendedor, pocas palabras.

Ante este fenómemo anticultural, vemos que se recoge lo que se siembra después de tantos años. Tendremos el lomo partido, no nos hacemos ricos en metálico, pero nos enriquecemos en patrimonio Intangible, pensamiento crítico y solidaridad, que es nuestra manera de dar respuesta a la crisis.

“Inversión, no gasto”

Juan Grande, gestor cultural

Mi mirada es que la crisis estructural que estamos atravesando (económica, política y social)  impacta de manera directa en el consumo de arte y cultura, porque suele ser uno de los primeros gastos que las personas recortan en contextos de incertidumbre. En la Argentina eso repercute directamente en el consumo en actividades artísticas, lo cual se puede cotejar en estadísticas y datos disponibles en internet. Según datos de la Cámara Argentina de Comercio y consultoras privadas, el sector fue uno de los más afectados, con retracciones superiores al 20% en algunos rubros.

El teatro suele ser el más afectado en estos casos, y se hace sentir en particular en las salas independientes. Los espectáculos masivos, del maistream, son los que logran sobrevivir, pero también experimentan la disminución en los ingresos. Funcionan algunas estrategias para revertir este hecho, por ejemplo cuando los proyectos culturales trabajan sobre la construcción de comunidad, experiencias, formación de nuevos públicos y financiamiento accesible. Las cuotas son fundamentales. Hoy se tarjetean las entradas a los espectáculos y festivales de artistas reconocidos, el crédito permite que el público pueda seguir participando de esos eventos.

Desde el Estado, revertir el panorama implica entender a la cultura no como un gasto sino como una inversión que genera consecuencias concretas y medibles: más trabajo, turismo, identidad y desarrollo económico. Son fundamentales las políticas de incentivo, líneas de financiamiento, beneficios fiscales para compradores, programas de adquisición y alianzas con el sector privado.

Desde el sector privado, creo que hay una gran oportunidad en pensar el arte como parte del desarrollo estratégico de las empresas y, por lo tanto, de las ciudades.
Aún en contextos como los que vivimos actualmente, el arte sigue teniendo un valor simbólico y económico. Las crisis obligan al sector a reinventarse y a profesionalizarse, a pensar en nuevos públicos y a ser más creativos en cuanto a la búsqueda de financimiento.